Una historia intemporal

(Fragmento) 


Tantos años contemplando a través del cristal aquellos tesoros de metales preciosos, aquellos fragmentos de cerámica vidriada, me habían hecho tener un conocimiento minucioso y exhaustivo de cada uno de sus detalles, por pequeños que fueran. A pesar de ello, mis ojos cansados no dejan de asombrarse cuando, al volver a mirar algún objeto desde alguna otra perspectiva, descubren una línea, un trazo o una protuberancia en la que antes no habían reparado.

Así transcurren las horas y los días de un viejo vigilante de museo, a punto ya de jubilarse, que encuentra escasos alicientes en su trabajo rutinario. Nada más entrar en la sala sé que aquel niño va a acercarse irremediablemente, como atraído por un imán, a aquella escultura hasta tocarla para explorar su textura y que tendré que llamarle la atención con el sonrojo de sus padres. O que aquella niña del vestido de flores apoyará las palmas de sus pequeñas manos sobre el cristal de la vitrina para asomarse un poco aupada sobre la punta de sus zapatos rojos y descubrir con sorpresa su contenido. Como mucho, tendré que perseguir por las salas contiguas a aquel joven de aspecto distraído que, como otras veces, intentará fotografiar con su cámara digital aquellos feluses y dinares sabiendo de antemano que eso está explícitamente prohibido. En el museo arqueológico de Córdoba el tiempo transcurre despacio y sin apenas novedades que contar a mi mujer cuando regreso a casa.
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Una historia intemporal. IV Concurso de relato breve 2007. Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba. Finalista. 2008.
http://www.juntadeandalucia.es/cultura/museos/MAECO/


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