El triste, Arturo del Hoyo

El triste
Comí de las ciruelas, porque no dijeran. Reían, y yo también me puse a reír, aunque mi corazón de niño estaba triste. Salté, ellos saltaban, y tiré cosas por el balcón, ya que a ellos les gustaba hacerlo. Luego jugamos en el pasillo, si bien yo hubiera preferido ver cómo jugaban los otros. Más tarde dijeron: «Vamos a jugar a la oca». Y cuando estuve sentado, la silla, que estaba rota, me hizo rodar por el suelo.
Reían la broma con grandes risas y me miraban con los ojos congestionados por aquel triunfo. Yo, en el suelo, reí con ellos, aunque mi corazón de niño estaba triste».
 Arturo del Hoyo, El triste.


Arturo del Hoyo

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