Terrores inocentes

Lo primero que llama la atención cuando abres Casa de Muñecas es su cuidada edición. Los personales e inquietantes dibujos a dos tintas, negro y magenta, de Sara Morante y las miradas vacías, enigmáticas o perdidas de sus personajes, son una forma perfecta de incitar a la lectura de los microcuentos de Patricia Esteban Erlés. El libro se estructura en diez apartados que se corresponden con distintos rincones de esa casa ideal de muñecas, incluyendo un desván de los monstruos, la cripta y los exteriores; en total cien cuentos que nos atrapan, nos sorprenden y nos dejan una sonrisa malévola en el rostro. 
Si Ibsen con su homónima obra de teatro quiso proclamar la necesidad de la liberación de la mujer en una sociedad opresivamente masculina para reivindicar, en definitiva, que las mujeres dejasen de considerarse muñecas decorativas, Patricia Esteban Erlés, recrea una atmósfera victoriana similar y da un paso más para adentrarse en el mundo femenino y liberar a la mujer de algunos temores que arrastra desde la infancia y que pueden tener el rostro cerámico y enigmático de una muñeca encerrada en otra realidad entre paredes de cartón. En ambos autores se aprecia un tono de melancolía, en ambas obras se expresan sentimientos oscuros desde su particular poética. 
La realidad se rompe, se muestra el envés de lo cotidiano cuando nos encontramos con la mirada de una de estas muñecas que nos arrastra con certezas y con engaños a un universo privado, a veces sólo insinuado, construido con pequeños pero contundentes gestos y nos muestra el reflejo de nuestros temores más primitivos. Patricia Esteban Erlés conversa con Poe y Hoffmann, se aprecian sus lecturas de Max Aub, de José María Merino, de Ana María Matute y, muy especialmente, de Fernando Iwasaki con su Ajuar funerario. De modo explícito, además, la autora quiere homenajear a grandes microcuentistas como Arreola, Mateo Díez y Monterroso. Hay un juego en el que se confunden mujeres estáticas y muñecas animadas, imágenes retenidas y reflejadas, humor y terror, realidad y ficción. Aquí lo vivo no siempre está vivo y lo muerto cobra vida fantasmal, irracional cuando la inocencia es aliada del crimen y del horror sin piedad. Un libro ecléctico, recomendable para las noches de invierno, con perturbadores microcuentos de macabra ternura y excelentes dibujos en los que conviene detenerse y disfrutarlos.
















Casa de Muñecas
Patricia Esteban Erlés 
Ilustraciones: Sara Morante 
Páginas de Espuma, 2012.

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