Nuevas trampas del deseo

Nunca como ahora se habían producido tantos cambios tecnológicos en el estrecho margen de la vida de un ser humano. El mundo tecnológico actual y su influencia en la manera de relacionarnos con los demás no tiene nada que ver con el panorama que vivió en su infancia alguien que ahora tenga cuarenta o cincuenta años. Los deseos se canalizan en cortos mensajes enviados a través de las redes sociales y el ego se satisface exponiendo de forma pública, desnuda y sin ambages, parte de la intimidad asumiendo que eso importa a los demás. La esencia de lo contemporáneo es lo fugitivo, algo que se escapa casi antes de llegar a atraparlo. Esas son algunas de las reflexiones que pueden surgir tras la lectura de la novela Acontecimiento, de Javier Moreno que, en ocasiones, puede leerse como un ensayo sobre la incidencia de las redes en nuestra sociedad. A través de ellas los protagonistas tratan de mitigar su soledad; son tecnologías que permiten satisfacer muchos de sus sueños, pero ―entre tanto ruido y tanta necedad que distrae― es fácil caer en la trampa de conformarse con lo superficial y, como nos advierte Bauman, escuchar solo el eco de una única voz colectiva e insustancial.
Slavoj Žižek define un acontecimiento como «algo traumático, perturbador, que parece suceder de repente y que interrumpe el curso normal de las cosas; algo que surge aparentemente de la nada, sin causas discernibles, una apariencia que no tiene como base nada sólido». La primera frase con la que arranca esta estimulante novela de Javier Moreno tiene ese efecto de amenaza y turbación que vaticina un cambio transcendente en la vida del narrador: «Si deseas que lo nuestro siga adelante tendrás que buscarte una amante». Eso le dice M. tras la cena de su aniversario de boda, mirándole a los ojos con tranquilidad. A partir de ahí comienza el deambular del protagonista a lo largo de las horas siguientes en las que realiza las tareas cotidianas sin dejar de pensar en esa frase clavada en su memoria. Tiene, además, el delicado y poco ético encargo de dirigir a los medios de comunicación los mensajes de un supuesto terrorista antisistema llamado Urdazi que atenta contra políticos y empresarios. En el periplo de la jornada en la que se desarrolla la novela ―que se inicia con el viaje rutinario en metro, donde hace incursiones en Facebook y responde algunos Whatsapp, va al gimnasio y llega finalmente a la oficina― este publicista de éxito hace largas y detalladas divagaciones introspectivas sobre nuestra vida actual, marcada por los nuevos soportes tecnológicos que cambian nuestra forma de percibir la realidad, de tomar decisiones y de relacionarnos con los demás, incluida nuestra pareja y hasta la manera de entender el deseo y el sexo. Inmerso en sus pensamientos el narrador casi tropieza con un mendigo, escudriña a las jóvenes que hacen deporte, es capaz de detectar a las personas heridas por la mirada, por la forma en que se mueven o se relacionan con los demás y hasta justifica a los escritores describiéndolos como seres inhábiles socialmente que encuentran en la escritura una forma de desquitarse de sus limitaciones. A través de los mensajes que recibe vemos que el narrador mantiene una relación virtual con Mirinda, una compañera de trabajo, en la que hay una fuerte carga erótica, pero que se transforma en algo incómodo cuando, en la vida real, se cruzan por los pasillos o se encuentran en la oficina. Las redes sociales se presentan entonces como una forma de alimentar las ambiciones y escapar del compromiso. Como Céline o Houellebecq, Javier Moreno es capaz de mostrarnos paisajes sórdidos y oscuros y tocar a la vez los resortes del amor y la ternura. 
El hombre en la actualidad es portador de ambiciones y esperanzas ajenas. Los intereses individuales quedan anulados en una sociedad que dicta las necesidades colectivas, lo que se debe desear y hasta cómo desearlo. Lo vemos en todos los sectores de nuestra cultura incluidos, claro, el arte o la literatura y llegan incluso a ámbitos más íntimos como las relaciones personales. Javier Moreno, sin renunciar a la ironía, parece decirnos que preferimos vivir con las ideas y los deseos que otros han desarrollado ─a los que podemos acceder fácilmente― para eludir el compromiso de mirar la vida desde la individualidad.











Acontecimiento
Javier Moreno

Salto de Página, 2015

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