El Perseguidor de Cortázar

Creo que todos los que escribimos, al menos los que ante todo somos buenos lectores, nos hemos preguntado alguna vez por qué escribir si ya hay tantas cosas tan bellamente escritas, tan perfectas que incluso la mayoría de los escritores, que tanto y tan bien publican, nunca podrán igualar. Pero hay que buscar respuestas para seguir escribiendo porque simplemente nos divierte, porque forma parte de la vida que nos hemos construido. Quizá sean sólo escusas porque no es en la escritura donde realmente te encuentras con la literatura sino en la lectura. Hace poco llegó a mis manos una cuidada edición magníficamente ilustrada de El perseguidor de Julio Cortázar donde se puede ver el talento para escribir una historia. En este relato Bruno es el narrador, un crítico de música que nos habla de los últimos días de Johnny Carter, un genial saxofonista; “un pobre diablo de inteligencia apenas mediocre, dotado como tanto músico, tanto ajedrecista y tanto poeta del don de crear cosas estupendas sin tener la menor conciencia (a lo sumo un orgullo de boxeador que se sabe fuere) de las dimensiones de su obra” 
El jazz es la forma que tiene Johnny de comunicarse con el mundo. “Nadie puede saber qué es lo que persigue Johnny, pero es así, está ahí, en Amorous, en la marihuana, en sus absurdos discursos sobre tanta cosa, en las recaídas, en el librito de Dylan Thomas, en todo lo pobre diablo que es Johnny y que lo agranda y lo convierte en un absurdo viviente, en un cazador sin brazos y sin piernas, en una liebre que corre tras un tigre que duerme”. 
Johnny es pasional, busca la libertad y vive su locura intensamente a través de su música («Es un saxo formidable, ayer me parecía que estaba haciendo el amor cuando tocaba») pero sus arrebatos, sus deseos, sus miserias y sus contradicciones hacen insoportable la vida a los que le rodean. Y mientras Johnny poco a poco se autodestruye Bruno, que acaba de publicar la biografía de su amigo, ve cómo su obra adquiere cada vez mayores dimensiones. 
Pero en cambio a Johnny se le escaparía lo que para nosotros es terriblemente hermoso, la ansiedad que busca salida en la improvisación llena de huidas en todas direcciones, de interrogación, de manoteo desesperado. Johnny no puede comprender (porque lo que para él es fracaso a nosotros nos parece el camino, por lo menos la señal de un camino) que Amorous va a quedar como uno de los momentos más grandes del Jazz.” 
Cortázar nos regala una narración fluida, con tensiones, escrita con libertad, con saltos temporales como una pieza de jazz interpretada con la genialidad del propio Johnny Carter.














El Perseguidor
Julio Cortázar
Ilustraciones: José Muñoz
Libros del Zorro Rojo ((2009)



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