Identidad volátil

Explica David Lodge, que las clásicas historias detectivescas de Conan Doyle y sus seguidores tuvieron unos precedentes claros en novelistas victorianos como Dickens y Wilkie Collins, cuando estos comenzaron a explotar el misterio en relación con asesinatos y otros delitos. Surgió así un subgénero nuevo que tuvo un apogeo y que perduró hasta hace unas décadas. Luis Manuel Ruiz en El hombre sin rostro, regresa justo a los inicios del siglo XX y, con una prosa cuidada y efectiva, mimetizada con la que se escribía en aquella época, construye una historia donde se mezcla el suspense, la aventura, el humor, lo romántico y lo fantástico. La novela arranca con la huida precipitada de un profesor por los pasillos de un Museo de Historia Natural hasta acabar aplastado por el esqueleto de un Pterodáctilo que se desploma sobre él. Un joven periodista que comenzó a trabajar en el diario nacional El Planeta, como redactor de crucigramas, busca el éxito profesional siguiendo los pasos de un reputado y admirado cronista. Así, para demostrar su valía ante los demás y ante sí mismo, indaga en este macabro caso, que deja de parecer un accidente y se vislumbra como un eslabón más de una serie de asesinatos relacionados con un proyecto de investigación clasificado de alto secreto: el hallazgo de un extracto de un raro molusco que permite, al que lo ingiere, adoptar el aspecto físico de cualquier otro al que haya tocado previamente. El autor, para conseguir el ambiente que nos traslade a las novelas decimonónicas, nos presenta personajes arquetípicos: científicos lúcidos que confían ciegamente en el poder de la ciencia para cambiar el mundo, locos que adquieren un poder que les supera, el periodista ambicioso o la mujer bella, inteligente e indómita, con ojos profundos como dos tinteros. La narración trascurre por distintos escenarios de Madrid, Barcelona, e incluso la jungla tropical, y no falta una accidentada travesía en tren, laboratorios secretos o lúgubres salas mortuorias de experimentación. Como en las novelas de Agatha Christie, también hay un misterio que rodea a sus personajes: interrogantes sobre lo que les mueve en la vida, sobre su pasado y sus anhelos. Incluso algunos pequeños desatinos y subterfugios científicos contribuyen a sumergirnos en mundos semejantes a los imaginados por Verne o Wells.
Frente a la corriente de la novela moderna —en la que hay una oposición a los finales cerrados y felices, en las que se huye de las soluciones lineales y en las que siempre nos quedaran preguntas sin respuesta— Luis Manuel Ruíz nos propone una literatura que nos puede hacer pasar buenos momentos acompañando a los protagonistas, con un suspense que va creciendo en intensidad hasta la resolución final y que nos devuelve, con aliento romántico, la ingenua confianza literaria de que la razón siempre triunfa sobre el mal.












El hombre sin rostro
Luis Manuel Ruiz

Salto de Página, 2014

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