Micromundi, de Francisco Javier Guerrero Cano

La huella
Despertó en la orilla, con el sol ya en todo lo alto. A su alrededor sólo el mar, el cielo y la arena; y a su lado una huella. Una sola huella de una mano, la izquierda precisamente, la misma que a él le faltaba desde hacía años. La miró confuso y luego observó su mano, la derecha, que clavó en la arena junto a la huella. Las impresiones parecían iguales, pero sólo conocía el origen de una. ¿Cómo llegó la otra hasta allí fuese o no la de su mano amputada? ¿Quién podría haber dejado únicamente esa marca sin dejar ningún otro rastro? La marea empezó a subir, y una ola a punto estuvo de alcanzar las huellas. Para evitarlo, construyó como pudo una muralla de arena frente al mar, detrás de las huellas, y como el agua iba mermando su resistencia, cavó también un foso justo delante. Sin embargo, el mar inundaba continuamente el foso y derribaba poco a poco la muralla con sus embestidas, que sin ser demasiado fuertes, le obligaban a reconstruir sin cesar ambos baluartes. Así estuvo luchando contra el mar hasta que se hizo de noche. Entonces sus músculos dejaron de responderle y desfalleció. El foso se cubrió pronto de arena mojada y la muralla quedó rasa al nivel de la orilla. Una ola suave rozó primero las huellas, luego otra inexplicablemente fiera las cubrió por completo. Pero sólo una desapareció. Cuando despertó, el sol estaba ya en todo lo alto. A su alrededor, el mar, el cielo, la arena y la huella indeleble de su mano izquierda.
Francisco Javier Guerrero Cano, La huella














Micromundi
Francisco Javier Guerrero Cano
Ediciones Cardeñoso, 2012

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