El padre muerto, de Donald Barthelme

Con un cóctel posmoderno y provocador de surrealismo, mitología y filosofía, la novela El padre muerto, de Donald Barthelme, no puede dejar a nadie indiferente. El Padre Muerto es un ser de enormes dimensiones que es arrastrado por varios hombres contratados que tiran de un cable de acero a través de un amplio territorio. El Padre Muerto tiene una pierna artificial y está muerto, pero, de algún modo, todavía vivo; y, en la meta de su delirante viaje, pretende recuperar la juventud perdida, aunque en realidad, como él mismo intuye, lo trasladan hacia su tumba. El Padre Muerto es de un carácter voluble y arremete matando humanos y animales cuando se altera. El texto se estructura en capítulos cortos, en los que las conversaciones ocupan un lugar destacado. Hay una novela dentro de la novela titulada Un manual para hijos, supuestamente “traducido del inglés al inglés” donde se describen veintidós clases de padres y en la que algunas de las historias funcionan como perfectos microcuentos.
Uno de los mayores logros de la novela es la alternancia de pasajes y conversaciones absurdas con reflexiones profundas donde no falta el humor, la maldad y una provocadora tensión sexual. Se trata de un texto experimental satírico y enormemente lúcido.

Fragmento de Un manual para hijos en El padre muerto.
Conocí a un padre que se llamaba Ys y tenía muchos muchos hijos y los vendía a todos a las fábricas de huesos. Las fábricas de huesos no aceptan niños enfadados o malhumorados, de ahí que Ys fuera, para sus hijos, el padre más bueno y cariñoso que quepa imaginar. Los alimentaba con enormes cantidades de caramelos de calcio y con leche de visón, les contaba historias muy interesantes y divertidas y les hacía practicar a diario ejercicios para fortalecer los huesos. «Los hijos altos» decía, «son mejores». Una vez al año las fábricas de huesos enviaban una pequeña furgoneta azul a la casa de Ys.
Donald Barthelme. Un manual para hijos, El padre muerto (1975)
I knew a father named Ys who had many many children and sold every one of them to the bone factories. The bone factories will not accept angry or sulking children, therefore Ys was, to his children, the kindest and most amiable father imaginable. He fed them huge amounts of calcium candy and the milk of minks, told them interesting and funny stories, and led them each day in their bone-building exercises. "Tall sons," he said, "are best." Once a year the bone factories sent a little blue van to Ys's house.

Donald Barthelme. Manual for sons. The Dead Father (1975)









El Padre muerto
Donald Barthelme
Traducción: Catalina Martínez Muñoz
Sexto Piso, 2009

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