Vagones cargados de cuentos

“El tren fue a dar en un terreno impracticable. Ligadas por la arena, las ruedas se gastaron hasta los ejes. Los viajeros pasaron tanto tiempo juntos, que de las obligadas conversaciones triviales surgieron amistades estrechas. Algunas de esas amistades se transformaron pronto en idilios, y el resultado ha sido F., una aldea progresista llena de niños traviesos que juegan con los vestigios enmohecidos del tren”
Así es como, según cuenta el guardagujas de Arreola, nace la aldea de F. Y a partir de esa idea, cuatro autoras, con gran imaginación, inventan historias que siempre nos sorprenden. Eva Díaz Riobello, Isabel González González, Teresa Serván e Isabel Wagemann son Las Microlocas, las narradoras que dialogan entre sí para mostrarnos su capacidad de crear historias sugerentes, de reinterpretar las que, entre ellas, han ido urdiendo y conseguir conexiones sutiles. Al final de la lectura de estos microcuentos queda una idea intuitiva de cómo es su particular visión de la aldea de F. 
La aldea de F. se divide en cuatro apartados: La aldea, Uno de esos accidentes, Terreno implacable, y Traviesos. En total son 156 microcuentos que se complementan, se entrelazan, se apostillan, se apoyan y se construyen unos sobre otros. Siguiendo el rastro de Arreola, y a modo de retazos, nos muestran la vida de los habitantes de la aldea de F. ese ya mítico lugar que surge en el punto indeterminado en el que un tren se detiene para siempre. En la aldea las edades se suceden con amores, envidias, nostalgias, obsesiones, frustraciones, venganzas, ternuras y, a veces, esperanzas. En la aldea hay circos, bestiarios, amores de infancia, juventud y senectud, hay pasiones, sexo, odios y muerte. La fantasía, el realismo mágico y el humor inteligente, a veces macabro, son los pilares sobre los que se sostienen estos microcuentos. 
Clara Obligado nos tiene acostumbrados a magníficas antologías de microcuentos cuidadosamente seleccionados. Atenta a las semejanzas en las voces y estilos de las autoras y a sus inquietudes compartidas, ha sabido encontrar aquello que las une para hacer esta sugerente propuesta. Pero intentar averiguar la autoría de cada microrrelato (sin mirar las iniciales con las que los firman) es un ejercicio difícil. En ocasiones se pueden advertir voces muy personales de algunas de las autoras, tratamientos reconocibles pero, en otros casos, resulta casi imposible y esto se debe, probablemente, a la gran complicidad que debió de haber entre ellas durante el proceso creativo. Las Microlocas rescatan del olvido a los habitantes de la aldea de F. antes de que la arena devore sus últimos recuerdos y nos ofrecen una magnífica colección de microcuentos.







La aldea de F. 
Las Microlocas: Eva Díaz Riobello, Isabel González González, Teresa Serván e Isabel Wagemann
Prólogo: Clara Obligado
Ediciones punto de partida (2011)

Los monstruos que nos acompañan

Cuando un prólogo es tan esclarecedor como el que escribe Ana Casas para la antología “Las mil caras del monstruo”, poco se puede añadir. El monstruo está presente en toda la historia del hombre, desde la prehistoria, con representaciones de seres biológicos híbridos, imposibles, pasando por los bestiarios medievales, hasta llegar a nuestros días, con monstruos actuales, más cercanos pero igual de aterradores, monstruos disfrazados con el traje de un banquero o que se esconden tras las barbas de un político. El monstruo entonces es la forma corpórea de nuestras pesadillas, a veces también de nuestras temidas obsesiones, del terror ante lo que desconocemos o, simplemente, a lo que no entendemos. Nuestros miedos cambian con el tiempo, ya no nos causa pavor aquello que aterraba a nuestros antepasados porque el conocimiento es su mayor enemigo. Se podría escribir una filogenia del monstruo a lo largo de la historia de las culturas del hombre y veríamos cómo evoluciona sin dejar jamás de acompañarnos.
Los autores, doce maestros del cuento, con gran imaginación nos presentan monstruos contemporáneos que conviven en nuestro entorno. Algunos recuperan a estos seres del pasado y los trasladan a la actualidad, como Manuel Moyano que, con su fina ironía y su cuidada prosa, nos muestra a un exquisito y entrañable vampiro con problemas cotidianos, o Juan Jacinto Muñoz Rengel, con un brillante y envolvente cuento de prodigiosos entes extraídos de quiméricos bestiarios, o, también, Santiago Eximeno con su informe para zombis. En otras ocasiones se trata de miedos y obsesiones que los autores hacen cercanos, bien a través de la mirada tierna e inocente de un niño, como lo escribe, con su personal estilo, Fernando Iwasaki o bien asumiendo un anodino desdoblamiento corporal como lo hace con sorna David Roas. Patricia Esteban Erlés y Andrés Neuman presentan dos grandes narraciones eligiendo la metamorfosis, como generadora de sus monstruos, para dar lugar a inofensivos gatos o a seres indefinidos. Ángel Olgoso siempre nos sorprende con su gran imaginación y su rica y elaborada prosa y nos dibuja un monstruo bello, de imposible anatomía, que la imaginación del narrador va configurando mientras contempla a una mujer enigmática, casi divina. Felix J. Palma nos enreda con los hilos de su monstruo, una solitaria anciana que se comporta como un arácnido que no duda en desafiar, desde su inmovilidad, a su más cercana familia. Pero el monstruo también está en lo más rutinario de nuestras vidas y así Raúl del Valle nos muestra con humor un moderno electrodoméstico que se pasea por la casa con extrañas intenciones y Pablo Martín Sánchez se encuentra con un ser demoniaco cuando visita al dentista. El volumen se cierra con la angustiosa invasión que describe Ismael Martínez Biurrun y que nos recuerda la atmósfera de Wells.
“Las mil caras del monstruo” es una acertada apuesta de la editorial Bracket Cultura al reunir, en esta antología, a algunos de los más importantes narradores actuales del género fantástico afincados en España.





Las mil caras del monstruo
Prólogo: Ana Casas
Autores: Fernando Iwasaki, Manuel Moyano, Patricia Esteban Erlés, David Roas, Ángel Olgoso, Andrés Neuman, Félix J. Palma, Santiago Eximeno, Juan Jacinto Muñoz Rengel, Pablo Martín Sánchez, Raúl del Valle e Ismael Martínez Biurrun.
Bracket Cultura (2012)


Mortal y rosa de Francisco Umbral

Solo un hijo o una hija te dan la oportunidad de vivir una segunda infancia o quizás la única posible, la única de la que puedes ser plenamente consciente, la única que puedes guardar, definitivamente, en la memoria. Esa es la infancia más sincera sobre la que puedes escribir, como lo hace, tan bellamente, Francisco Umbral en «Mortal y rosa». Este libro me lo recomendó un buen amigo que es, además, padre de un niño y una niña y lo hizo, seguramente, por mi estrenada y vívida paternidad. Empecé a leer «Mortal y rosa» despacio, saboreando la buena prosa, la lírica contenida, pero con cautela, por si me hacía daño. Un padre no quiere nunca ponerse en el lado de otro que ha perdido a su hijo. El libro, es un lamento desesperado, un terrible, tierno y locuaz lamento: «El universo no tiene otro argumento que la crueldad ni otra lógica que la estupidez». Pero es un libro que te enseña a disfrutar de los momentos más sencillos, más banales, junto a tu hijo, a compartir su asombro en el descubrimiento del mundo. Y por eso, tras su lectura, a pesar del abatimiento, Umbral parece decirnos que un momento de felicidad puede explicar toda una vida. 
Hay otra razón por la que mi amigo me recomendó el libro y es porque en sus páginas está la mejor prosa de Francisco Umbral. Allí hay un reencuentro con Baudelaire, también con Juan Ramón Jiménez y quizás con Joyce, Proust y Austen. 
«Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más. 

Qué estúpida la plenitud del día. ¿A quién engaña este cielo azul, este mediodía con risas? ¿Para quién se ha urdido esta inmensa mentira de meses soleados y campos verdes? ¿Por qué este vano rodeo de la muerte por las costas de la primavera? El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra de puro vacío, y en el cabeceo del mundo bajo un viento banal sólo veo la obcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rige siempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que la persistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar.»
         Fragmento de Mortal y Rosa. Francisco Umbral 
















Mortal y rosa  
Francisco Umbral 
Austral (2011, primera edición, 1975)

Lecciones de retórica

Lodge decía que la narrativa es un arte esencialmente retórico y Flavia Company, en su libro Trastornos literarios, nos lo demuestra con gran imaginación. En la primera parte, que da título al volumen, recopila cuarenta y cuatro textos breves cada uno de los cuales es un ejemplo claro y sencillo del uso de una figura retórica diferente. La segunda parte, titulada Frases (muy) hechas, está constituida por treinta y dos historias, en las que la autora lleva a sus máximas consecuencias la expresión de locuciones y frases hechas que utilizamos en el lenguaje cotidiano, sacándolas de contexto o desposeyéndolas de su sentido figurado. La última parte, La vida en prosa, recoge cincuenta y nueve relatos que tienen su origen en titulares de prensa y con ellos crea historias paralelas e introduce variaciones hasta conseguir dar un giro a los enunciados originales.
Si los autores postmodernos no tienen ningún inconveniente en mostrar de un modo u otro los mecanismos de sus construcciones ficticias, aquí, Flavia Company los explica abiertamente. Con una gran maestría nos presenta una colección de textos escritos con soltura, cargados de ironía y ternura, donde no faltan los finales imprevisibles que le sirven para hacernos reflexionar sobre el lenguaje que configura nuestro mundo.














Trastornos literarios
Flavia Company
Páginas de Espuma (2011)

Publicado en Cuadernos del Sur el 30 de junio de 2012







El regreso de Simbad

Un viaje para recuperar los sueños de la infancia

En su segundo viaje, Simbad el marino llegó a una isla con estrechos valles repletos de piedras preciosas y serpientes gigantescas donde, además, habitaba el ave Roc, una inmensa rapaz que alimentaba a sus polluelos con elefantes. Ese lugar podría ser, según Jordi Esteva, Socotra, una isla perdida en el Océano Índico, aislada por su escarpado litoral y unos vientos hostiles que han dificultado siempre la llegada de barcos. 
Contaba Marco Polo que en Socotra se encontraban los mejores magos del mundo capaces de hacer hechizos y brujerías que no debían ser descritos en su libro. Decía que con sus encantamientos podían impedir que los barcos abandonasen la isla invirtiendo la dirección de los vientos o provocar grandes tempestades. 
Con esos atractivos antecedentes y cumpliendo un sueño infantil llega a Socotra Jordi Esteva, escritor y fotógrafo barcelonés que siempre ha querido perseguir los mitos escondidos en las culturas orientales y africanas y, a su regreso, igual que hizo Simbad, nos cuenta en su libro Socotra, la isla de los genios, editado por Atalanta (2011), su extraordinaria aventura. 
Los que hemos tenido la fortuna de viajar por países árabes fuera de las rutas turísticas conocemos la grata y desinteresada hospitalidad de sus gentes. A Jordi Esteva le acompañan hombres sencillos y amigables, de ojos negros y expresivos, que comparten con él momentos inolvidables y le cuentan historias mágicas. Su guía es Abdelwahab, nieto del último sultán de Socotra, gran conocedor de las costumbres de su pueblo y sensibilizado con las riquezas únicas de su tierra. 
Socotra siempre fue conocida por su ámbar gris, por los antaño preciados árboles del incienso y de la mirra, por los dragos cuya savia roja era conocida como sangre del dragón. En una isla tan apartada del continente, el aislamiento propicia la evolución de formas únicas y da origen a raros endemismos de fauna y flora. Dejándose hechizar por esos paisajes antiguos y únicos, por esas gentes, Jordi Esteva inicia un viaje interior a territorios poco explorados que le lleva a reflexionar sobre el pasado, sobre los valores importantes en la vida y con frecuencia se retrotrae a su infancia cuando soñaba viajes leyendo los libros y revistas que le mostraban las maravillas del mundo. Por momentos el autor podría estar en cualquier época; en Socotra la tecnología aún no ha irrumpido con fuerza, ni siquiera los coches son de utilidad en un paisaje tan agreste y siente tristeza al pensar que quizá todo eso se perderá dentro de poco tiempo. 
El hombre del fuego es el que le abre las puertas de lo más antiguo de aquel mundo donde están presentes las creencias preislámicas, con genios (yins) y magos, con mujeres que muestran su rostro mestizo y bello y dejan que el viento juegue con su melena, donde sus pobladores utilizan una lengua antigua y extraña y sienten el placer de contar y escuchar historias al calor de una hoguera. Historias que se enlazan, bajo las estrellas, a través de distintos personajes como en Las Mil y una Noches. 
“Socotra, la isla de los genios”, cuyo texto viene acompañado por magníficas fotografías del autor, es un libro muy recomendable, un ejemplo de la verdadera literatura de viajes que nos habla del paso del tiempo, de las amenazas de la globalización, de otras culturas, de la forma en la que nuestro mundo se aparta de sus orígenes y de la naturaleza, de los mundos que desaparecen y de las leyendas que mueren cuando ya no hay nadie que las sepa repetir. El viaje termina en los altos de al-Haggar llamando a gritos al ave Roc en cuyas garras voló Simbad y los que leímos de niños sus aventuras para transportarnos a mundos de ilusión.














Socotra, la isla de los genios
Jordi Esteva
Atalanta (2011)

La Noche, de Francisco Tario

En el laberinto de mis lecturas unos libros me llevan a otros libros, unos autores me presentan a otros autores y la gran mayoría caen en el olvido. Son muchos los libros que pasan a las estanterías con pocas esperanzas de volver a ser abiertos. Solo en contadas ocasiones llega a mis manos un libro que me hace sentir cierto desasosiego por no haberlo conocido antes, por no haberlo leído antes. Son libros que me cautivan desde las primeras páginas, que me obligan a leer con pausa y que me advierten que no tardaré mucho tiempo en volver a ellos buscando nuevas lecturas. Uno de estos libros es “La noche”, una colección de dieciocho cuentos de Francisco Tario (seudónimo de Francisco Peláez) y que ha editado Atalanta. Este autor mexicano, con una imaginación desbordante y con personajes que nos inspiran ternura, utiliza el absurdo para poner en evidencia nuestra conducta, la conducta de una sociedad absurda. En ocasiones trata el terror con humor; en otras, dota de inteligencia a objetos tan extraños como féretros, barcos o trajes y con ellos se ríe de la estupidez del mundo que hemos creado. Hombres locos, fantasmas que ignoran que lo son, seres que podrían formar parte de un bestiario particular, una gallina vengativa, un perro melancólico, el escritor tétrico con adolescencia complicada, un muñeco al que nadie quiere comprar, un balcón ocupado por los sueños, un hombre que no tarda en cumplir la promesa que le hizo a su hijo de que un día naufragaría, un vegetariano trasformado en caníbal, la relación de un hombre con su perro amarillo… Son todos cuentos brillantes habitados por personajes que asumen, en parte, hechos imposibles porque ellos mismos son improbables pero que viven rodeados de una realidad cercana y reconocible; cuentos que no dejan de seducirnos y nos conducen al universo sorprendente y particular de Tario. 


















La noche
Francisco Tario

Atalanta (2012)

Cartas de Mamá, de Julio Cortázar

Otro libro excelentemente editado por Nórdica. Sobre este cuento Borges hizo el siguiente comentario: 
“En «Cartas de Mamá» lo trivial, lo necesariamente trivial, está en el título, en el proceder de los personajes y en la mención continua de marcas de cigarrillos o de estaciones de subterráneos. El prodigio requiere esos pormenores”
“Otro rasgo quiero indicar. Lo sobrenatural, en este admirable relato, no se declara, se insinúa, lo cual le da más fuerza, como en el «Izur» de Lugones. Queda la posibilidad de que todo sea una alucinación de la culpa. Alguien que parecía inofensivo vuelve atrozmente”.















Cartas de mamá
Julio Cortázar
Prólogo: Jorge Luis Borges
Nórdica Libros (2012)

Claraboya de Saramago

Aunque quizás sea una idea controvertida siempre he creído que los grandes talentos, en ciencia o en arte, tienen su máxima cota de creatividad y genialidad alrededor de los treinta años o incluso antes. Luego se puede madurar la obra, profundizar en ella, pero el genio viene ya impreso desde ese momento y aquellos que no hayan conseguido logros importantes a esa edad, probablemente, nunca llegarán a destacar lo suficiente para que sus ideas o sus obras pasen a la posteridad o contribuyan a cambiar nuestra forma de entender el mundo. Y como ejemplo de excepciones que confirman la regla, entre otros posibles, siempre mencionaba a Saramago que destacó con brillantez con una edad más avanzada, con una obra sobresaliente más tardía, pasando en la penumbra del anonimato su obra temprana. Ahora, como un regalo, llega a mis manos Claraboya y descubro el genio de Saramago en una obra que escribió alrededor de los treinta años y veo que, nuevamente, la hipótesis se cumple.
Saramago entra en las casas de varios vecinos humildes que conviven en un mismo bloque de un barrio de Lisboa y observa el paso de su vida cotidiana. Poco a poco va descubriendo que entre sus paredes se suceden ilusiones, desengaños, miedos, tristezas, esperanzas y derrotas. Allí habitan personajes cercanos con problemas cotidianos marcados por las penurias económicas, por las relaciones de pareja, por el valor del sexo, por los fracasos vitales, donde la irrupción de un nuevo inquilino puede perturbar ese inestable equilibrio en el que todos viven. Es una reflexión sobre la dura vida de mediados del pasado siglo que me recuerda al mejor Cela donde lo particular se convierte en universal y esa es la grandeza de su obra. 















Claraboya
José Saramago 
Traducción: Pilar del Río
Editorial: Alfaguara (2012)



El artista silencioso

Dice Harold Bloom que cuando lee a Chéjov tiene la impresión de que todo el mundo está sumergido por la soledad y la falta de comprensión. Y eso es porque se puede hablar de la soledad y el desamparo sin que estos sean los temas centrales del cuento. El viajero inmóvil, el primer libro de cuentos de Ramón Rodríguez Pérez, nos habla de la incomprensión de personajes que, a pesar de tener una existencia mediocre, mantienen una ilusión vitalista y saben encontrar la felicidad en pequeños recovecos de su existencia. En un momento en el que los cuentistas españoles parecen dirigidos por las modas anglosajonas, el autor nos muestra el componente social que ha caracterizado a autores tan relevantes, y en ocasiones olvidados, como Aldecoa, Cela o Delibes entre otros. 
Conozco a Ramón Rodríguez Pérez primero como pintor y luego como poeta que, en su caso, viene a ser lo mismo. Pero de forma paralela y silenciosa ha cultivado el cuento de un modo personal y su calidad ha quedado avalada por numerosos premios en distintos certámenes literarios. Ahora, la editorial Paso de Cebra ha recogido de forma muy acertada una colección de estos cuentos en los que predomina el humor en sus múltiples facetas como la ironía, la parodia, el sarcasmo o el absurdo y que están habitados por personajes cotidianos con los que nos podemos encontrar en los rincones de nuestras ciudades; personajes peculiares, con un calor cercano, cargados de ternura, que aceptan sin queja su particular derrota vital, que frecuentan sórdidas tabernas y se ilusionan con partidos de fútbol. 
El cuento que da título al volumen es una hipérbole del lector compulsivo, la pasión por la lectura llevada a sus últimas consecuencias, donde el protagonista puede sumergirse en la filosofía de Kant, en la poesía de Rilke o en la prosa de Joyce con la misma delectación que lee la alineación de un equipo de fútbol o las etiquetas de las latas de conserva que lo transportan a mundos desconocidos y exóticos. El juego metaliterario aparece en éste y otros cuentos entre los que caben destacar El círculo esférico y Espejos que giran en torno al encuentro de sendos funcionarios con la obra de Borges. El protagonista de Kilómetro 12 podría ser el prototipo de los personajes que pueblan la mayoría de estos relatos. En este caso se trata de un antiguo jugador de fútbol de tercera división con un destino incierto, que sabe paladear sus efímeros momentos de gloria y, cuando se topa de frente con su triste realidad, es capaz de seguir hacia delante. Dos relatos podrían calificarse de fantásticos e hilarantes: El estigma y El Intruso. En ambos hay un elemento que irrumpe en la vida cotidiana de los personajes y la subvierte hasta llegar al absurdo pero son resueltos con el mismo humor fino que impregna todo el volumen. El binomio poeta provinciano-prostituta aparece en Un artista realizado y Esclavo de los Lacedemonios donde algunos de los personajes quedan nítidamente definidos por sus ocurrentes apodos. El realismo social es más acusado en Zona cero, Polígono Sur y Todo un campeón, en los que se dibujan con acierto los barrios y las gentes más desfavorecidas. Quizás uno de los cuentos más surrealistas y divertidos, por combinar de modo sorpresivo lo rural con la ciencia ficción, es Zahoríes; escrito en forma epistolar narra la vivencia de un hombre de pueblo que es llevado a Marte por la Nasa con la importante misión de encontrar agua. El autor parece sugerirnos la conveniencia de escuchar la pausada sabiduría rural en lugar de dejarnos arrastrar por la inmediatez de las tecnologías más punteras. Así hasta quince cuentos neorrealistas, muy acabados, escritos con talento y una cuidada prosa, con un gran sentido del humor y un estilo particular e inconfundible. El Viajero inmóvil es, en definitiva, una colección de cuentos amables, divertidos y una lectura muy recomendable.











El viajero inmóvil
Ramón Rodríguez Pérez
Paso de Cebra (2011)

Los viajes equivocados de Clara Obligado

El azar juega un papel crucial en nuestras vidas desde antes incluso de ser concebidos hasta nuestro último instante y en pocas ocasiones podemos decidir nuestro destino aunque sí la forma de afrontarlo. La vida entonces es solo un viaje al que te empuja el azar. 
Clara Obligado con este libro de cuentos, entra en una espiral logarítmica que el tiempo hace tridimensional, donde a cada vuelta, cada vez más abierta, el azar hace que los personajes se reencuentren con su pasado. Hay un hilo conductor que hilvana las historias y nos ayuda a comprenderlas mejor, a hacerlas más universales. Los personajes viven su vida cotidiana buscando los caminos de la felicidad pero se encuentran en momentos y lugares trascendentes de la historia y eso hace que su vida cambie de rumbo e inicien un viaje equivocado pero también quizás, el único posible. Y en medio de estos relatos hay un compromiso ético con denuncias a la insensatez humana, a la deshumanización de los conflictos, a la indiferencia ante el horror de los demás, al maltrato a la mujer y al menor, a la globalización y al daño al medio ambiente y nos muestra lo imperfectos que somos los humanos. Aquí están las ilusiones rotas de Jan Siedlecki, obligado a salir de su pueblo polaco hasta llegar por error a Buenos Aires, el auge y el declive de un emigrante cargado de monedas con las que crea su imperio a orillas del Paraná, la desesperanza de un hombre que sufre viendo cómo todo su frío mundo se transforma y le lleva a cometer la más cobarde de las atrocidades, la renuncia de una mujer a un amor tranquilo y verdadero a cambio de la aventura de los viajes, o el silencio del guardagujas de la estación de Angoulème que es testigo de la indiferencia de quienes le rodean ante una realidad especialmente dramática de un mundo despiadado, cruel y sin sentido. Así hasta once historias bellas, inquietantes y reveladoras, con personajes que se cruzan, que saltan de un relato a otro a cada vuelta de esa hélice que es la vida; cuentos que nos invitan a hacernos preguntas acerca de nuestra sociedad y de la historia sobre la que ésta se ha construido. 
Clara Obligado, que tiene una amplísima trayectoria literaria con la publicación de varias novelas, ensayos y volúmenes de cuentos, ha contribuido, además, de forma notable al desarrollo y conocimiento de la literatura actual de habla hispana con sus talleres literarios, por los que han pasado importantes cuentistas, y por su labor como antóloga de microcuentos, difundiendo este género y dando a conocer a grandes microcuentistas. En los relatos contenidos en El libro de los viajes equivocados podemos encontrar algunos guiños metaliterarios con los que la autora nos muestra su gran pasión por la literatura, un viaje personal seguro emocionante y nada equivocado. 













El libro de los viajes equivocados
Clara Obligado
Editorial: Páginas de espuma (2011)

Visión de lo fantástico

Para alguien que viene del mundo ciencia siempre es grato encontrarse con estudios literarios como el que presenta David Roas en un ensayo recientemente publicado por Páginas de Espuma donde, de modo sistemático, se disecciona y analiza con claridad y precisión cada uno de los componentes del género fantástico. Lo fantástico en la literatura, pero también en el cine, o en el cómic es una categoría estética que refleja el conflicto entre lo real y lo imposible. Hay cuatro conceptos claves con los que el autor vertebra su argumentación: la realidad, lo imposible, el miedo y el lenguaje. La realidad es lo cotidiano, lo que nos parece normal y sólo cuando entra en ella un componente que la subvierte se produce lo fantástico. Esto le sirve al autor para diferenciar la literatura fantástica de otros géneros próximos como, por ejemplo, la literatura de mundos paralelos maravillosos, la ciencia ficción o el realismo mágico donde no hay tal subversión porque lo extraño se acepta con naturalidad, como parte de la realidad reconocida. Por eso, el segundo elemento, lo imposible, es determinante como definitorio de este género. Lo fantástico no puede funcionar sin la presencia de lo imposible percibida como tal por los personajes y por el lector. El miedo metafísico, la impresión amenazante de una realidad que deja de funcionar, es otro factor que caracteriza lo fantástico, que lo hace divergir de todo aquello que no causa asombro inquietante en los personajes. Por último, el lenguaje y sus límites juegan un papel decisivo en la construcción realista y verosímil del espacio por el que se mueven los personajes antes de que irrumpa un fenómeno insólito y perturbador. El lenguaje debe ser capaz de transmitir lo indecible. 
Una vez sentadas las bases de su definición, Roas dedica el último capítulo a analizar lo fantástico en la posmodernidad, iniciando su discusión con el caso particular de Kafka donde la excepción es aceptada por los personajes y pasa a ser una regla del funcionamiento de su mundo, lo que hace que no encaje estrictamente en la definición de fantástico. Continúa con ejemplos esclarecedores de grandes autores de nuestro panorama literario postmoderno que son referencia en el género como Cristina Fernández Cubas, José María Merino o Juan José Millás, entre otros grandes maestros. El escepticismo postmoderno rompe con el cuento fantástico tradicional e introduce elementos que perturban la cotidianidad de nuestra realidad ayudándose en ocasiones del humor y la ironía para reforzar sus efectos. 
Con el ensayo Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico, David Roas, profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, ha obtenido el Premio Málaga de Ensayo 2011. Es un estudio brillante, arriesgado y esclarecedor que se presta a la discusión y nos acerca más a este apasionante género que en la literatura hispana no ha suscitado la atención que históricamente ha tenido en los países de habla inglesa.











Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico
David Roas

Editorial: Páginas de Espuma (2011)

Sin lápiz ni papel

Con frecuencia los escritores tienen una doble vida. Una vida para sobrevivir, en la que tienen que hacer los más dispares trabajos y otra para volar, sentados frente a un papel en blanco en el que derramar su creatividad. De esto trata el original, entretenido y revelador libro de Daría Galateria publicado en Impedimenta, una editorial que cuida minuciosamente el diseño de sus libros y que nos tiene acostumbrados a sorpresas agradables. Leyendo Trabajos forzados (Los otros oficios de los escritores) nos damos cuenta que algunas de las mejores obras de la literatura de comienzos del siglo XX se han escrito en condiciones precarias, muy alejadas del lujo en el que se instalan algunos de los autores actuales cuyas obras tienen amplias ventas a pesar de que su calidad literaria no siempre las justifique. Conocer los trabajos a los que se han dedicado los diferentes autores a lo largo de su vida nos ayuda a comprender mejor sus obras e incluso a valorarlas de otro modo y admirarlas aún más si cabe. Gorki fue maltratado de niño y, con sólo once años, tuvo que buscarse la vida en variados oficios, por eso, sus mejores obras reflejan fielmente la realidad social que padeció. También explica el origen de los libros de aventuras e Jack London que vivió desde muy joven una vida muy intensa y, al igual que George Orwell o Charles Bukowski, entre otros, padeció momentos de gran penuria. Kafka, más sosegado, fue un agente de seguros durante toda su vida laboral y aprovechaba para descansar después de cada jornada para poder escribir por las noches. Ninguno de los compañeros de Thomas Eliot podía sospechar que éste, mientras trabajaba en el banco con relaciones externas, manejaba términos en diferentes idiomas que le servían, por su sonido, para componer sus poemas. Así Daria Galateria, investigadora y crítica literaria, va mostrándonos con bellas historias la vida laboral de veinticuatro grandes autores, algunos de los cuales, han contribuido a cambiar el modo de entender la literatura. 
Impedimenta nos invita en esta ocasión a leer un libro divertido, curioso y sugerente que nos acerca de una forma desenfadada a la vida cotidiana de grandes escritores. Toda una lección de humildad y un acicate para los que intentamos llevar adelante dos vidas intelectuales distintas.













Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores 
Daria Galateria 
Traducción: Félix Romeo
Editorial Impedimenta, (2011) 
Publicado en Cuadernos del Sur el 18 de febrero de 2012

El nacimiento de la col, de Rubén Darío

En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.
-Eres bella.
-Lo soy -dijo la rosa.
-Bella y feliz – prosiguió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma. Pero…
-¿Pero?...
-No eres útil. ¿No miras esos altos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco… 
La rosa entonces –tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.
Pasó el buen Dios después del alba siguiente.
-Padre –dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil? 
-Sea, hija mía –contestó el Señor, sonriendo. 
Y entonces vio el mundo la primera col.
Rubén Darío. El nacimiento de la col 

El libro de las maravillas de Fernando Clemot


“Todo en este cuarto huele a útero y a despedida”. Eso dice C. , un paciente que ha ingresado en la clínica Dante, de cuidados paliativos, para pasar los últimos días de su vida. Allí reflexiona introspectivamente y piensa que nada ha sido como lo imaginaba de niño y que su vida se podía resumir en unas pocas líneas. Pero siente que si cambia el presente quizás cambie también el pasado, que si escucha otras vidas, otros viajes, tal vez puedan pasar a formar parte de él. A C. le fascina imaginar a Marco Polo dictando sus viajes a Rustichello en la cárcel de Génova. Por eso lleva consigo mapas y cuadernos con apuntes de lugares muy diferentes, lugares que hubiese deseado visitar pero a los que, por distintos motivos, no ha podido llegar. Y por eso decide empezar a escribir los viajes que otros han vivido. Allí van pasando lentos los días y C. escucha, sobre todo escucha, los itinerarios que han significado puntos de inflexión en la vida de personajes entrañables como Bridoso cuando le ingresan en la sala de críticos de la que nadie regresa. Las horas son eternas dentro de la clínica; un reportaje en la televisión le puede traer recuerdos del momento en el que Jenny le confiesa algo que le produjo un profundo dolor o, por el contrario, la nostalgia de la curiosidad infantil cuando intrigado exploraba el cuerpo de los sapos. El dolor físico de la enfermedad, el deterioro de su cuerpo, se unen al dolor de los recuerdos, de sus errores y de las decisiones equivocadas. C. es un hombre observador y allí tiene tiempo para rememorar y para imaginar, para fundamentar sospechas sobre la desaparición de Andrade, uno de los médicos, y para revivir con nitidez momentos que podrían parecer triviales pero que marcaron su vida. El doctor Bessa empieza su narración cuando de joven se enroló en un barco y sus aventuras pueden recordarnos a las que escribía Joseph Conrad. C. es un hombre triste y reservado pero despierto y con un rescoldo de inútil esperanza. Incluso allí ingresado, donde todos saben que no hay retorno posible, llega a enamorarse de Clara, una paciente repleta de pecas y belleza, que le hace olvidar, por un instante, que su tiempo se acaba y con ella siente que, por una vez en la vida, podría ser Marco Polo en lugar de conformarse con ser, simplemente, Rustichello. 
El libro de las maravillas de Fernando Clemot está escrito de modo impecable, con una prosa densa pero cuidada, moderna y bella, que trata con audacia un tema que a todos nos inquieta y nos invita a reflexionar sobre la memoria y la vida. Baratalia vuelva a acertar con la edición de este libro con un formato y una presentación que hacen aún más grata la lectura. 
















El libro de las maravillas

Fernando Clemot
Editorial: Barataria (2011)

Vidas extrañas

Vonnegut, uno de los escritores más sólidos de la narrativa norteamericana, con obras tan memorables como Matadero cinco (1969), falleció en 2007 pero dejó numerosos textos inéditos que se han publicado en diferentes volúmenes. La editorial Sexto Piso ha traducido dos de estos libros de cuentos (Mire al pajarito, 2010 y Mientras los mortales duermen, 2011) en los que podemos encontrar algunas de sus más importantes contribuciones a este género. 
En los cuentos de Kurt Vonnegut se pueden reconocer influencias en el estilo de autores norteamericanos como Fitzgerald, Brautigan, o del propio Carver, con diálogos fluidos que van perfilando el carácter de los personajes y utilizando el skaz, ese tipo de narración que trata de emular el lenguaje coloquial y espontáneo de la gente. En Mientras los mortales duermen se recopilan dieciséis cuentos que oscilan entre lo real y la ficción adentrándose incluso en la ciencia ficción, un género en el que el autor ha destacado por novelas como Las sirenas de Titán (1959). Desarrolla situaciones imprevisibles con ironía y con grandes dosis de humor negro como en La epizootia, donde la gente se suicida para cobrar los seguros de vida. En Jenny, un vendedor ambulante de electrodomésticos convive con una nevera de su invención que es una versión idealizada de su esposa. En Al mando, un gran empresario dedica su tiempo libre a construir maquetas de trenes desatendiendo a su bella esposa. Uno de los cuentos más destacados lo protagoniza Ruth que, embarazada, viaja para conocer a la madre de su difunto marido la cual se muestra dominadora, manipuladora y obstinada, tratándola de un modo desconsiderado, pero a ambas mujeres les une la profunda soledad que les invade. El relato que da título a la colección es un cuento de Navidad cargado de tensión y protagonizado por un editor que se protege del mundo con una coraza de insensibilidad. Todos son cuentos limpios de desarrollo rápido, donde se crean situaciones extrañas pero que nos ponen alerta sobre la locura de nuestro mundo y de lo cotidiano. Algunos finales pueden resultar algo apresurados o simples, probablemente por eso fueron rechazados por el autor, pero en todos ellos se ve la esencia de un gran escritor que critica abiertamente la sociedad norteamericana y retrata de manera magistral la sordidez, la tristeza y la soledad de sus habitantes. Este volumen viene acompañado por algunas ilustraciones a tinta del propio Vonnegut.










Mientras los mortales duermen
Kurt Vonnegut
Traducción: Jesús Gómez Gutiérrez
Editorial: Sextopiso,  (2011)