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Rescatar paisajes del olvido

El viaje-escritura es una arqueología del paisaje; el viajero —el escritor— baja como un arqueólogo a los diferentes estratos de la realidad para leer incluso los signos escondidos debajo de otros signos. Claudio Magris, con estas palabras, sin proponérselo, sin conocerlo, parece describir a la perfección el último libro de Fernando Penco Valenzuela donde, como, hiciera W.G. Sebald, nos muestra su fascinación por la conexión de acontecimientos aparentemente distantes.
Viaje a Tartessos. Desde Andalucía hasta la cuna de la civilización, publicado por la editorial Almuzara, es un ensayo en el que, además de exponer los resultados de una perspicaz investigación, diluye las fronteras del diario de viaje y de la ficción. Está configurado por retazos históricos y mitológicos, por relatos y anécdotas que van surgiendo, a veces sólo por evocación o a partir de conversaciones con personajes peculiares que se cruzan en su camino y provocan ese flujo de memoria. No se puede hablar, por tanto, de un texto orgánico sino fragmentario pero con eso el autor consigue embaucar al lector y hacerlo partícipe del viaje que tanto le apasiona. En este periplo deambula por diferentes horizontes y se detiene a reflexionar en los numerosos escenarios posibles de Tartessos que debió de ubicarse en algún lugar de la geografía del occidente andaluz donde las fecundas tierras fluviales se encuentran con el mar. Aquí el autor vuelve a mostrarnos su habilidad para dar saltos en el tiempo, para navegar por la historia y narrar paisajes en los que se manifiestan las huellas de un pasado que, de un modo u otro, dejaron su impronta en las civilizaciones que le siguieron. De Tartessos hablaban algunos clásicos griegos como Heródoto, —que lo situaba más allá de las columnas de Hércules, allí donde acababa su mundo conocido—, pero son numerosas las referencias en las que Penco Valenzuela indaga para tratar de relacionar episodios de la historia y de la mitología, que, en no pocas ocasiones, perviven en nuestros días. Así, toma el testigo que dejó el arqueólogo y filólogo Adolf Schulten y otros investigadores posteriores y, a través de los textos clásicos, analiza las relaciones comerciales con egipcios y fenicios de este pueblo volcado al mar para reivindicar su influencia en el mundo antiguo.
En esta andadura no sólo se persiguen los vestigios del pasado sino que también se buscan las balizas inasibles que marcan el sendero de la sabiduría. En las descripciones de los paisajes y en los diálogos con los lugareños nos recuerda la sencillez pero también el misterio de aquel Viaje a la Alcarria de Camilo José Cela. Ese encuentro con la gente es necesario para entender lo que se va descubriendo, para verificar lo que otros han escrito, lo aprendido en diferentes textos. Porque, en ese continuo desvío del orden cronológico, surgen también, como hitos en el camino, numerosos filósofos de todas las épocas y literatos como Keats, Cervantes, Borges, Graves, Homero, Dante o Dostoievski, por citar algunos, que nos presentan el universo narrativo del autor y nos ayudan a entender mejor su particular visión del mundo. De este modo nos encontramos con interrogantes sobre la naturaleza del ser humano, sobre el consumismo inútil, sobre el irreparable daño a la memoria que supone el saqueo de museos en tiempos de guerra, sobre el desgaste gratuito al que sometemos a la naturaleza, en definitiva, sobre la necedad humana que recorre la historia en este movimiento unidireccional que impone el tiempo y que, como decía David Lodge, hace la vida trágica en nuestra perspectiva humana. Como hicieran Sebald, Magris o Pitol, aquí se mezclan la experiencia, los recuerdos de lecturas, las conversaciones sosegadas y la historia. Investigación, viaje y literatura se funden en este volumen y esa es, probablemente, la mejor forma de adentrarse en este laberinto que nos permite intuir un lugar desubicado, perdido en la memoria, explorar los cimientos sobre los que se asienta nuestra cultura y desvelar las posibilidades que han quedado ocultas en el tiempo. Es una metáfora de la odisea personal en la búsqueda de los orígenes de nuestra propia identidad.











Viaje a Tartessos. Desde Andalucía hasta la cuna de la civilización
Fernando Penco Valenzuela

Editorial Almuzara, 2013

La lectura de una imagen

A la mayoría de nosotros, nuestros padres o nuestros abuelos nos han hablado alguna vez de la guerra civil española, de la crueldad de las guerras, de cómo se rompen familias enteras y cómo castran la posibilidad de encontrar parcelas de felicidad. Fernando Penco Valenzuela sabe escuchar esas voces. De otro modo no podría haber llegado al corazón de las historias, a veces truculentas, que algunos personajes le han ido revelando. Y poco a poco, como si de un puzle se tratara va encontrando piezas que encajan y revelan una imagen o, en este caso, un modo diferente de ver una imagen: una obra de periodismo gráfico hecha arte y convertida luego en icono que supo captar con inteligencia e intuición Robert Capa. 
Pocas fotos han sido tan difundidas como la impactante instantánea conocida como "El soldado caído" o "Muerte de un miliciano". Con ella Capa supo mostrar la esencia de la crudeza de la guerra y le sirvió para su propósito propagandístico a nivel internacional. En este excelente trabajo de investigación minuciosamente documentado Penco Valenzuela, en colaboración con el fotógrafo Juan Obrero Larrea, muestra evidencias de que la instantánea fue tomada en un contexto geográfico diferente al que siempre se ha creído lo cual apoya las tesis que afirman que la fotografía no fue captada en plena acción bélica y en el campo de batalla sino en un lugar alejado en el que pudo escenificar la célebre imagen. 
En las 126 páginas de esta edición con la que se estrena la editorial cordobesa Paso de Cebra, el autor va desentrañando el enigma de la foto de Capa describiendo sus investigaciones, revelando conversaciones y relacionando hechos históricos que han sido claves para explicar el contexto social y político previo a la guerra civil española. Penco Valenzuela tiene una habilidad especial para saltar en el tiempo y mostrarnos que algunos paisajes, de los que hoy disfrutamos y por los que paseamos cotidianamente, tuvieron un pasado terrible. Y todo esto lo hace con un ritmo rápido, en ocasiones trepidante como si se tratase de un guión cinematográfico, con ambientes bien recreados y con una escritura cargada de claves literarias, con adjetivos bien elegidos y metáforas en las que se aprecia su manejo estilístico y nos recuerdan que, además de buen historiador, Fernando Penco Valenzuela es un gran escritor. 
La foto de Capa es un libro cargado de polémica por mostrar de forma abierta los entresijos de una investigación llena de obstáculos que han ido poniendo personas y entidades que intentaban impedir que viera la luz. Pero nada de esto debe empeñar la genialidad de Robert Capa que, de una manera u otra, con una fotografía cargada de fuerza, supo plasmar como nadie la tragedia de la soledad de la muerte de un soldado.











La foto de Capa
Fernando Penco Valenzuela

Editorial: Paso de Cebra (2011)