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Diario de 1926, Robert Walser

Walser escribe un relato sencillo de su experiencia cotidiana, del suceder de la vida, divagando constante y deliciosamente, yendo de un sitio a otro, en apariencia sin más propósito que el de escribir por el puro placer de narrar. En sus páginas abunda, como diría Vila-Matas, una prosa estirada que no va a ninguna parte, solo se estira y se estira. Pero, lejos de ser insustancial, le sirve para especular sobre su visión de la literatura, el valor que da a lo que escribe y las razones por las que lo hace. Nos habla, por ejemplo, de unos manuscritos que en su momento no publicó por lo que consideró errores insalvables. Busca los límites de su escritura en el entretenimiento y en invitar a la reflexión evitando acabar en la parodia. Explica proyectos de escritura que ha pospuesto, sus dudas, los desatinos y los encuentros que ha tenido con editores que han rechazado sus manuscritos. A Walser le gusta pasear, detenerse en los detalles, pensar en voz alta en su propia existencia. En un momento del texto, recuerda con mordacidad a un antiguo compañero de colegio con tendencia a inflar sus escasos éxitos vitales y al que describe como arrogante e inevitablemente infeliz. Hay también una mujer a la que el escritor ha enviado una carta y, a través de su experiencia, nos narra su relación con las mujeres y cómo cree que le ven. Se trata de un texto breve con una cuidada edición que es un regalo para los admiradores del escritor suizo.










Diario de 1926
Robert Walser

Traducción: Juan de Sola
Ediciones La uña rota. 2013

Robert Walser, Discurso a un botón

Discurso a un botón
Un día en que estaba cosiendo el ojal de una camisa que había reventado con un fuerte estornudo, se me ocurrió de pronto, mientras trabajaba como una experta costurera, dirigir al botón, aquel muchachito fiel y modesto, las siguientes palabras de agradecimiento, murmuradas para mis adentros, aunque probablemente por eso tanto más sinceras.
“Querido botoncillo”, le dije, “¡cuánta gratitud y reconocimiento te debe aquel a quien vienes sirviendo hace ya varios –más de siete, creo-, con tanta fidelidad, celo y perseverancia, y a quien, pese a todo el olvido y falta de atención de los que se ha hecho culpable para contigo, nunca le has recordado que alguna vez debería elogiarte un poquito”.
“Esto es lo que va a ocurrir hoy, cuando por fin he logrado ver claramente lo que significas y cuánto vales, tú, que durante todo tu largo y paciente tiempo de servicios jamás te has situado en primer plano para sacar provecho de una bonita iluminación o buscar algún efecto lumínico bello, deslumbrante o en verdad llamativo, sino más bien, con una conmovedora y deliciosa modestia que, sin duda, jamás será suficientemente apreciada, te has mantenido en la más discreta de las discreciones, practicando tu querida y hermosa virtud en un estado de perfecta felicidad.
“¡Cómo me alegra ver que has dado muestras de tener esa fuerza basada en la probidad, la diligencia y la renuncia al elogio y al reconocimiento a los que aspira todo el que realiza algo!”
“Sonríes, mi estimado, y, según advierto, te ves ya por la desgracia bastante deteriorado y consumido.
“¡Querido! Deberían tomarte como ejemplo los que viven acosados por la manía del aplauso permanente y podrían derrumbarse y morir de pena, despecho y humillación si no se sintieran continuamente mimados, abanicados y acariciados por el efecto y la estima generales.
“Tú, en cambio, eres capaz de vivir sin que nadie se acuerde, ni lejanamente, de que existes.
“Tú eres feliz, pues la modestia se hace feliz a sí misma, y la fidelidad se siente a gusto consigo misma.
“El hecho de que no te des importancia alguna, de que sólo seas –o al menos lo parezcas- un ser dedicado a realizar una misión en la vida, de que te sientas enteramente consagrado a ese silencioso cumplimiento del deber que puede denominarse una rosa de exquisito perfume, cuya belleza es casi un enigma para ella misma, cuyo aroma perfuma sin la menor intención, porque es su destino…
“El hecho de que, como decía, seas lo que eres y como eres, me fascina, conmueve, emociona, impresiona y hace pensar que este mundo, tan pródigo en fenómenos desagradables, hay de vez en cuando cosas que te hacen feliz, alegran y serenan al que las ve”.
Robert Walser, Discurso a un botón (Vida de poeta)













Vida de poeta
Robert Walser
Traducción: Juan José del Solar
Editorial Siruela, 2010

El valor de lo efímero: Walser y sus escritos a lápiz

Lo que primero llama la atención de esta cuidada edición de Siruela es la portada, en la que se reproducen textos manuscritos de Robert Walser con una elegante y minúscula letra, ordenada de modo uniforme y visualmente estética. 
Aquí hay páginas que parecen escritas sin ningún objetivo, sin ninguna meta, que están escritas por el mero placer de escribir. Es una prosa serena, tímida y brillante, a veces hermética, que se sucede párrafo tras párrafo, divagando página tras página, deteniéndose en lo efímero y en lo aparentemente insustancial, sin ninguna finalidad obvia. Cualquier motivo cotidiano, cualquier observación o cualquier reflexión tienen cabida aquí hasta el extremo de que, en muchos casos, parece que lo que escribe, en su desorden, no tiene otro soporte más que el propio papel sobre el que está escrito. 
Walser en los últimos años de su vida escribió esta colección de 526 textos en hojas sueltas, en trozos de papel de distinto formato, con lápiz, subrayando así su deseo de no dejar un rastro permanente, y con una caligrafía minúscula que hacía casi imposible su lectura. Tras un minucioso y largo trabajo los editores Bernhard Echte y Werner Morlang lograron descifrar estos personales, libres, imaginativos e íntimos escritos. 
Estos Microgramas, que Walser escribió probablemente por su necesidad vital de escribir pero sin ninguna intención de publicar, se editaron tras su fallecimiento. Robert Walser que quería ser olvidado, escribió pasajes difíciles de olvidar. Ambas cosas le distinguen de muchos de los escritores actuales que se muestran conspicuos y pretenden ser considerados brillantes cuando su único mérito es controlar los medios de comunicación y tener la habilidad de estar siempre en el centro de las miradas. Quizás por lo incomprensible del mundo, por la incoherencia del amor, por lo absurdo del reconocimiento social, quizás por comprender lo efímera e insignificante que es la existencia del hombre, tras sufrir episodios de ansiedad y alucinaciones, Walser, que pensaba en su vida como un fracaso, decidió voluntariamente ingresar en un manicomio y así, en distintas clínicas psiquiátricas, pasó sus últimos veintiocho años.













Escrito a lápiz. Microgramas (3 volúmenes)
Robert Walser

Traducciön:Juan de Sola Llovet y María Condor
Siruela, 2012