Conrad y la locura de Almayer


Decía Joseph Conrad que su labor creativa consistía antes que nada en hacer que uno viera. Y esto es algo que deja patente desde su primera novela, La locura de Almayer, que se publicó en la primavera de 1895 cuando, según nos cuenta Vila-Matas, decidió transformarse en inglés (Conrad era de origen polaco y su nombre completo era Josef Konrad Korzeniowsky) después de retirarse del mundo de la marina mercante a causa de una fiebre crónica. Así, Joseph Conrad dejó de navegar por los mares para navegar por las páginas de la literatura. 
Kaspar Almayer mira al río distraído y piensa en las oportunidades perdidas, en la vida que se le escapa. El río aquella noche había crecido y le hizo recordar su juventud, sus ganas de triunfar, de hacer fortuna y volver a Europa con una gran fortuna. Pero Almayer, que permanentemente vive de ilusiones, se casa con una mujer malaya y tiene una relación tortuosa. Fruto de ese matrimonio nace Nina, una hija muy querida por su padre en quien vuelca todas sus esperanzas. Nina es educada como blanca aunque pronto encuentra el rechazo de esa élite y se siente humillada. Con el paso de los años va creciendo con belleza y encanto; ella se siente malaya y quiere vivir siguiendo su propio instinto. 
“Con un estremecimiento de miedo delicioso, reconocía la misteriosa percepción de su identidad en aquel ser. Cuando escuchaba sus palabras, le parecía que sólo entonces nacía en ella el conocimiento de una nueva existencia, que su vida sólo estaba completa cuando se encontraba junto a él”.
El sueño de Almayer de volver a Europa con con su querida hija se rompe cuando Nina conoce el amor pasional de la mano de Dain Maroola, el hijo de un rajá, que vive envuelto en intrigas para expulsar de allí a los holandeses. 
“Cuando se dio cuenta de que ella no tenía intención de obedecerle, sintió introducirse un frío mortal en su corazón, se presionó las sienes con las palmas de las manos y bajó la mirada hacia el suelo con muda desesperación”.
Los paisajes de naturaleza selvática y hostil juegan un papel decisivo en medio de este entramado donde Conrad presenta con maestría las complejas relaciones humanas. Pero aún tendría que escribir algunas obras importantes para llegar a convertirse, según las palabras de Harold Bloom, en la figura más influyente para la generación de novelistas americanos a la que pertenecen Hemingway, Fitzgerald y Faulkner.














La locura de Almayer
Joseph Conrad
Traducción: Adrià Edo
Ediciones Barataria (2011)

Tinta, de Fernando Trías de Bes

A veces, cuando menos lo esperas, llega a tus manos un libro que te cautiva y que no puedes dejar de leer hasta que llegas al final, hasta que lees la última frase que resume todo lo anterior: "Tinta por amor". En solo unas horas se puede leer Tinta de Fernando Trías de Bes pero su sabor permanece y, probablemente, su recuerdo sea difícil de borrar. Se trata de un emocionante homenaje a los libros y sucede a principios del siglo XX en la ciudad de Maguncia, a orillas del Rin, donde, en honor a Gutenberg, se celebra cada año, en la noche de San Juan, la Johannisfest, una fiesta que culmina con el bautismo simbólico de los impresores. Por la sencillez con la que está escrita esta novela corta y por la originalidad de sus personajes me recuerda en ocasiones a Baricco. El librero, el autor, el impresor, el corrector y el editor son personajes que viven buscando una razón, un motivo para explicar un suceso trágico que ha ocurrido en sus vidas del que no pueden huir y que se nos muestra a modo de flashback. Cada capítulo, como eslabones de una cadena, va relacionando a estos personajes que, desalentados, pensaban que los libros jamás podrían cambiar la vida de los hombres. Y en el primero y en el último de los capítulos del libro está ella, el personaje que cierra el círculo de una búsqueda que da sentido a la vida de sus protagonistas cuando se encuentran con Tinta, un libro de libros que contiene toda la magia de la palabra impresa.














Tinta
Fernando Trías de Bes
Seix Barral, Biblioteca Breve (2011)   

Instantes oníricos

Cuando entramos en el sueño, nuestra actividad fisiológica se ralentiza, disminuye nuestra capacidad de responder a estímulos externos y nuestro cerebro, bajo estados mentales inconscientes, comienza a configurar representaciones fantásticas a partir de retazos de lo cotidiano, El sueño es, por tanto, un modo de ampliar los límites de lo real. 
Inka Martí, hace una apuesta arriesgada mostrándonos el diario íntimo de sus sueños, su personal noctuario, y se muestra desnuda y bella. 
En este volumen editado por Atalanta se presenta una selección de sesenta y cinco sueños que, según comenta en el prólogo Jacobo Siruela, surgen del deseo de la autora por conectar con el mundo onírico. Y así, nada más despertar, sin abrir aún los ojos, se concentra para retener los detalles y las secuencias de los sueños y pesadillas que le han acompañado durante la noche. 
Es, por tanto, un testimonio veraz de sus sueños, una forma de mostrar una parte de su vida tan presente como el estado de vigilia y que cumple su función biológica como el comer o el amar. Así surgen imágenes improbables y sutiles como ver el microscópico plancton del que se alimenta un pez o salamandras en el agua con piel transparente a través de la cual ve palpitar su corazón. De hecho, la naturaleza está muy presente en sus sueños: paisajes abiertos, desbordantes e idílicos y parajes íntimos, inquietantes, claustrofóbicos donde vive una fauna variada, en ocasiones híbrida y monstruosa que con frecuencia es amenazante y, otras veces, le provoca una gran empatía. El miedo a la muerte, al encuentro con violadores, se contrapone a los momentos en los que predominan los estados de paz y sosiego. 
No se trata de un libro de poesía, ni tampoco son microrrelatos, aunque pudiesen parecerlo por su extensión; no se puede hablar de un libro de ficción porque no hay al menos esa intencionalidad literaria según se desprende del prólogo. Como en nuestros sueños cotidianos a veces no hay estructura, ni hay cambios de rumbo, ni desenlaces finales. Son microtextos descriptivos de instantes oníricos. La concisión es una característica predominante, igual que lo es el uso de un lenguaje sencillo y directo, sin artificios innecesarios pero que nos dejan un halo de inquietud ante lo que desconocemos.












Cuadernos de Noche
Inka Martí
Editorial Atalanta (2011)

La noche de Maupassant

Guy de Maupassant, como en otros cuentos, parte de una situación cotidiana, un paseo placentero por París. Pero a medida que el tiempo pasa y la noche avanza, lo que antes era belleza se va impregnando de presagios y sombras que cada vez son más pesadas. Una ciudad conocida y amada pasa a ser un lugar vacío, desconocido y temido. La noche es un relato turbador y bello. 
Nórdica presenta este cuento en una muy cuidada edición bilingüe y con unas ilustraciones muy vivas de Toño Benavides.










La noche
Guy de Maupassant
Traducción: Íñigo Jáuregui
Ilustraciones: Toño Benavides
Nórdica libros (2011)




La lectura de una imagen

A la mayoría de nosotros, nuestros padres o nuestros abuelos nos han hablado alguna vez de la guerra civil española, de la crueldad de las guerras, de cómo se rompen familias enteras y cómo castran la posibilidad de encontrar parcelas de felicidad. Fernando Penco Valenzuela sabe escuchar esas voces. De otro modo no podría haber llegado al corazón de las historias, a veces truculentas, que algunos personajes le han ido revelando. Y poco a poco, como si de un puzle se tratara va encontrando piezas que encajan y revelan una imagen o, en este caso, un modo diferente de ver una imagen: una obra de periodismo gráfico hecha arte y convertida luego en icono que supo captar con inteligencia e intuición Robert Capa. 
Pocas fotos han sido tan difundidas como la impactante instantánea conocida como "El soldado caído" o "Muerte de un miliciano". Con ella Capa supo mostrar la esencia de la crudeza de la guerra y le sirvió para su propósito propagandístico a nivel internacional. En este excelente trabajo de investigación minuciosamente documentado Penco Valenzuela, en colaboración con el fotógrafo Juan Obrero Larrea, muestra evidencias de que la instantánea fue tomada en un contexto geográfico diferente al que siempre se ha creído lo cual apoya las tesis que afirman que la fotografía no fue captada en plena acción bélica y en el campo de batalla sino en un lugar alejado en el que pudo escenificar la célebre imagen. 
En las 126 páginas de esta edición con la que se estrena la editorial cordobesa Paso de Cebra, el autor va desentrañando el enigma de la foto de Capa describiendo sus investigaciones, revelando conversaciones y relacionando hechos históricos que han sido claves para explicar el contexto social y político previo a la guerra civil española. Penco Valenzuela tiene una habilidad especial para saltar en el tiempo y mostrarnos que algunos paisajes, de los que hoy disfrutamos y por los que paseamos cotidianamente, tuvieron un pasado terrible. Y todo esto lo hace con un ritmo rápido, en ocasiones trepidante como si se tratase de un guión cinematográfico, con ambientes bien recreados y con una escritura cargada de claves literarias, con adjetivos bien elegidos y metáforas en las que se aprecia su manejo estilístico y nos recuerdan que, además de buen historiador, Fernando Penco Valenzuela es un gran escritor. 
La foto de Capa es un libro cargado de polémica por mostrar de forma abierta los entresijos de una investigación llena de obstáculos que han ido poniendo personas y entidades que intentaban impedir que viera la luz. Pero nada de esto debe empeñar la genialidad de Robert Capa que, de una manera u otra, con una fotografía cargada de fuerza, supo plasmar como nadie la tragedia de la soledad de la muerte de un soldado.











La foto de Capa
Fernando Penco Valenzuela

Editorial: Paso de Cebra (2011)

El significado del arte prehistórico

Entre las grandes aportaciones culturales que nos legó el hombre del Paleolítico Superior, el arte es sin duda una de las más importantes y su estudio nos permite acercarnos a su forma de pensar, a su modo de comprender el mundo. En este ensayo Raquel Lacalle Rodríguez analiza el sentido simbólico del arte paleolítico y su influjo en culturas posteriores, desvelando algunos de los pilares básicos sobre los que reposan temas inmutables de las principales religiones mundiales. 
La autora pretende reconstruir, a través del estudio del arte legado por las culturas prehistóricas, los rituales míticos y culturales y la transmisión de dichos mitos en escalas espaciales y temporales. Para ello utiliza un método comparado, estudiando primero cada mito en cada cultura de forma aislada y después los coteja para identificar los elementos comunes. Así va desgranando el sentido simbólico del arte prehistórico y lo relaciona con el surgimiento de mitologías. Las primeras religiones serían naturalistas, estarían relacionadas con el origen del conocimiento científico y tendrían un fundamento astral. A partir de ahí surgen mitos comunes, que luego formarán parte de cuentos y leyendas entre los cuales uno de los más importantes, por su influencia en las grandes religiones posteriores, es el viaje del héroe al inframundo. En este estudio se pone de relevancia la importancia en la transmisión cultural que explica la extraordinaria homogeneidad del arte paleolítico en toda su área de difusión en cuanto a convencionalismos, estilos y, especialmente, su temática (representación de animales, figuras femeninas, antropomorfos masculinos e ideomorfos). 
Cuando el libro que nos ocupa es el resultado de un laborioso estudio que conforma una tesis doctoral tenemos la garantía de la rigurosidad de su contenido al estar avalado por los especialistas que han evaluado dicha tesis. Pero además, aquí se agradece la pulcritud con que ha sido escrito y la sencillez con la que se explican los argumentos. Esta cuidada edición está además acompañada de clarificadoras ilustraciones y se cierra con una prolija bibliografía que nos sirve de guía para seguir indagando en este fascinante territorio de un tiempo perdido. Se echa en falta, no obstante, un índice temático que ayude en la búsqueda de términos y lugares. 
El hombre del paleolítico es biológicamente idéntico a nosotros, lo único que nos diferencia son los cambios culturales y el desarrollo tecnológico pero incluso, como podemos descubrir en estas páginas, muchos de los rituales que conservamos en nuestra sociedad actual tienen un origen ancestral que hemos mantenido casi imperturbable.









Los símbolos de la prehistoria: Mitos y creencias del Paleolítico Superior y del Megalitismo europeo 
Raquel Lacalle Rodríguez
Editorial Almuzara (2011)

El Perseguidor de Cortázar

Creo que todos los que escribimos, al menos los que ante todo somos buenos lectores, nos hemos preguntado alguna vez por qué escribir si ya hay tantas cosas tan bellamente escritas, tan perfectas que incluso la mayoría de los escritores, que tanto y tan bien publican, nunca podrán igualar. Pero hay que buscar respuestas para seguir escribiendo porque simplemente nos divierte, porque forma parte de la vida que nos hemos construido. Quizá sean sólo escusas porque no es en la escritura donde realmente te encuentras con la literatura sino en la lectura. Hace poco llegó a mis manos una cuidada edición magníficamente ilustrada de El perseguidor de Julio Cortázar donde se puede ver el talento para escribir una historia. En este relato Bruno es el narrador, un crítico de música que nos habla de los últimos días de Johnny Carter, un genial saxofonista; “un pobre diablo de inteligencia apenas mediocre, dotado como tanto músico, tanto ajedrecista y tanto poeta del don de crear cosas estupendas sin tener la menor conciencia (a lo sumo un orgullo de boxeador que se sabe fuere) de las dimensiones de su obra” 
El jazz es la forma que tiene Johnny de comunicarse con el mundo. “Nadie puede saber qué es lo que persigue Johnny, pero es así, está ahí, en Amorous, en la marihuana, en sus absurdos discursos sobre tanta cosa, en las recaídas, en el librito de Dylan Thomas, en todo lo pobre diablo que es Johnny y que lo agranda y lo convierte en un absurdo viviente, en un cazador sin brazos y sin piernas, en una liebre que corre tras un tigre que duerme”. 
Johnny es pasional, busca la libertad y vive su locura intensamente a través de su música («Es un saxo formidable, ayer me parecía que estaba haciendo el amor cuando tocaba») pero sus arrebatos, sus deseos, sus miserias y sus contradicciones hacen insoportable la vida a los que le rodean. Y mientras Johnny poco a poco se autodestruye Bruno, que acaba de publicar la biografía de su amigo, ve cómo su obra adquiere cada vez mayores dimensiones. 
Pero en cambio a Johnny se le escaparía lo que para nosotros es terriblemente hermoso, la ansiedad que busca salida en la improvisación llena de huidas en todas direcciones, de interrogación, de manoteo desesperado. Johnny no puede comprender (porque lo que para él es fracaso a nosotros nos parece el camino, por lo menos la señal de un camino) que Amorous va a quedar como uno de los momentos más grandes del Jazz.” 
Cortázar nos regala una narración fluida, con tensiones, escrita con libertad, con saltos temporales como una pieza de jazz interpretada con la genialidad del propio Johnny Carter.














El Perseguidor
Julio Cortázar
Ilustraciones: José Muñoz
Libros del Zorro Rojo ((2009)



Julio Cortázar, Cuento sin moraleja

Cuento sin moraleja
Un hombre vendía gritos y palabras, y le iba bien, aunque encontraba mucha gente que discutía los precios y solicitaba descuentos. El hombre accedía casi siempre, y así pudo vender muchos gritos de vendedores callejeros, algunos suspiros que le compraban señoras rentistas, y palabras para consignas, eslóganes, membretes y falsas ocurrencias. 
    Por fin el hombre supo que había llegado la hora y pidió audiencia al tiranuelo del país, que se parecía a todos sus colegas y lo recibió rodeado de generales, secretarios y tazas de café. -Vengo a venderle sus últimas palabras -dijo el hombre-. Son muy importantes porque a usted nunca le van a salir bien en el momento, y en cambio le conviene decirlas en el duro trance para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. -Traducí lo que dice- mandó el tiranuelo a su interprete. -Habla en argentino, Excelencia. -¿En argentino? ¿Y por qué no entiendo nada? -Usted ha entendido muy bien -dijo el hombre-. Repito que vengo a venderle sus últimas palabras. 
    El tiranuelo se puso en pie como es de práctica en estas circunstancias, y reprimiendo un temblor, mandó que arrestaran al hombre y lo metieran en los calabozos especiales que siempre existen en esos ambientes gubernativos. -Es lástima- dijo el hombre mientras se lo llevaban-. En realidad usted querrá decir sus últimas palabras cuando llegue el momento, y necesitará decirlas para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. Lo que yo iba a venderle es lo que usted querrá decir, de modo que no hay engaño. Pero como no acepta el negocio, como no va a aprender por adelantado esas palabras, cuando llegue el momento en que quieran brotas por primera vez y naturalmente, usted no podrá decirlas. -¿Por qué no podré decirlas, si son las que he de querer decir? -pregunto el tiranuelo ya frente a otra taza de café. -Porque el miedo no lo dejará -dijo tristemente el hombre-. Como estará con una soga al cuello, en camisa y temblando de terror y de frío, los dientes se le entrechocaran y no podrá articular palabra. El verdugo y los asistentes, entre los cuales habrá alguno de estos señores, esperarán por decoro un par de minutos, pero cuando de su boca brote solamente un gemido entrecortado por hipos y súplicas de perdón (porque eso si lo articulará sin esfuerzo) se impacientarán y lo ahorcarán. 
    Muy indignados, los asistentes y en especial los generales, rodearon al tiranuelo para pedirle que hiciera fusilar inmediatamente al hombre. Pero el tiranuelo, que estaba-pálido-como-la-muerte, los echó a empellones y se encerró con el hombre, para comprarle sus últimas palabras. 
    Entretanto, los generales y secretarios, humilladísimos por el trato recibido, prepararon un levantamiento y a la mañana siguiente prendieron al tiranuelo mientras comía uvas en su glorieta preferida. Para que no pudiera decir sus últimas palabras lo mataron en el acto pegándole un tiro. Después se pusieron a buscar al hombre, que había desaparecido de la casa de gobierno, y no tardaron en encontrarlo, pues se paseaba por el mercado vendiendo pregones a los saltimbanquis. Metiéndolo en un coche celular, lo llevaron a la fortaleza, y lo torturaron para que revelase cuáles hubieran podido ser las últimas palabras del tiranuelo. Como no pudieron arrancarle la confesión, lo mataron a puntapiés. 
    Los vendedores callejeros que le habían comprado gritos siguieron gritándolos en las esquinas, y uno de esos gritos sirvió más adelante como santo y seña de la contrarrevolución que acabó con los generales y los secretarios. Algunos, antes de morir, pensaron confusamente que todo aquello había sido una torpe cadena de confusiones y que las palabras y los gritos eran cosa que en rigor pueden venderse pero no comprarse, aunque parezca absurdo. 
    Y se fueron pudriendo todos, el tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban de cuando en cuando en las esquinas.
Julio Cortázar. Cuento sin moraleja.


Julio Cortázar, Cortísimo metraje

Cortísimo metraje.
Automovilista en vacaciones recorre las montañas del centro de Francia, se aburre lejos de la ciudad y de la vida nocturna. Muchacha le hace el gesto usual del autostop, tímidamente pregunta si dirección Beaune o Tournus. En la carretera unas palabras, hermoso perfil moreno que pocas veces pleno rostro, lacónicamente a las preguntas del que ahora, mirando los muslos desnudos contra el asiento rojo. Al término de un viraje el auto sale de la carretera y se pierde en lo más espeso. De reojo sintiendo como cruza las manos sobre la minifalda mientras el terror poco a poco. Bajo los árboles una profunda gruta vegetal donde se podrá, salta del auto, la otra portezuela y brutalmente por los hombros. La muchacha lo mira como si no, se deja bajar del auto sabiendo que en la soledad del bosque. Cuando la mano por la cintura para arrastrarla entre los árboles, pistola del bolso y a la sien. Después billetera, verifica bien llena, de paso roba el auto que abandonará unos kilómetros más lejos sin dejar la menor impresión digital porque en ese oficio no hay que descuidarse.
Julio Cortázar, Cortísimo metraje (Último Round).
Julio Cortázar

Fabulilla de Franz Kafka

Fabulilla 
—¡Ay! —decía el ratón—. El mundo se vuelve cada día más pequeño. Primero era tan ancho que yo tenía miedo, seguía adelante y me sentía feliz al ver en la lejanía, a derecha e izquierda, algunos muros, pero esos largos muros se precipitan tan velozmente los unos contra los otros, que ya estoy en el último cuarto, y allí, en el rincón, está la trampa hacia la cual voy.
—Sólo tienes que cambiar la dirección de tu marcha —dijo el gato, y se lo comió.
Franz Kafka. Fabulilla (Bestiario) 







Bestiario
Franz Kafka
Edición de Jordi Llovet
Anagrama (1990)

La abandonada, de Ramón Gómez de la Serna

Por esa mujer han pasado todos los hombres, y por eso cuando mira las estrellas los ve a todos. ¡Tantos como estrellas y todos desconocidos y lejanos!
Sin embargo, conserva cierta presencia de mujer bella y conserva sus senos, aunque la ha costado un gran trabajo salvarlos de los ladrones, que se los quieren llevar, que los quieren arrancar, unos senos gastados, como se desgasta hasta la piedra en que tocan y besan las beatas. 
Perdida, aburrida de que todos la conozcan y de conocerles a todos, abandonada y desesperada en la noche, sin poder poseer al nuevo, porque ya no habrá nuevo para ella, le ha dicho al farol de su esquina solitaria con una ternura y un deseo renacidos:
—¿Vienes?...

Ramón Gómez de la Serna. La abandonada. 

Piedad, de Manuel Moya

Piedad 
Todo ocurrió mientras el payaso, minuciosa, litúrgicamente, se ponía la horrible peluca azul-celeste. Así, ya digo, en un soplo. En lo que tarda una bala en atravesar la nuca de un hombre y estrellarse luego contra un espejo que, paff, se hace añicos. Acaso el último acto de piedad de un espejo para no ver morir a un payaso.
Manuel Moya. Piedad. (La sombra del caimán y otros relatos).









La sombra del caimán y otros relatos
Manuel Moya
Editorial Onuba (2006)

Italo Calvino. La leyenda de Carlomagno

El emperador Carlomagno se enamoró, siendo ya viejo, de una muchacha alemana. Los nobles de la corte estaban muy preocupados porque el soberano, poseído de ardor amoroso y olvidado de la dignidad real, descuidaba los asuntos del Imperio. Cuando la muchacha murió repentinamente, los dignatarios respiraron aliviados, pero por poco tiempo, porque el amor de Carlomagno no había muerto con ella. El Emperador, que había hecho llevar a su aposento el cadáver embalsamado, no quería separarse de él. El arzobispo Turpín, asustado de esta macabra pasión, sospechó un encantamiento y quiso examinar el cadáver. Escondido debajo de la lengua muerta encontró un anillo con una piedra preciosa. No bien el anillo estuvo en manos de Turpín, Carlomagno se apresuró a dar sepultura al cadáver y volcó su amor en la persona del arzobispo. Para escapar de la embarazosa situación, Turpín arrojó el anillo al lago de Constanza. Carlomagno se enamoró del lago Constanza y no quiso alejarse nunca más de sus orillas.
Italo Calvino. Texto sin título. Seis propuestas para el próximo milenio (1998)












Seis propuestas para el próximo milenio
Italo Calvino
Traducción: Aurora Bernárdez
Ediciones Siruela. Biblioteca Calvino (1998)

El error de Sherlock Holmes

Pierre Bayard reabre el caso de El perro de Baskerville con una crítica policial analizando todas las ambigüedades del texto de Arthur Conan Doyle para mostrar soluciones más claras. Según el autor, Holmes se equivocó al exponer explicaciones rebuscadas y no ver lo evidente; inventa un asesinato donde no hubo más que un accidente y, en cambio, deja pasar por alto el verdadero crimen. 
Bayard a lo largo de este sugerente volumen va presentado pruebas que aparecen de modo más o menos explícito en la obra de Conan Doyle. Pero de ello no fue consciente el propio Conan Doyle que estaba ofuscado por el odio que, en aquel momento, sentía hacia su personaje Sherlock Holmes del que llegó a decir: “Si no mato a Holmes, me matará él a mí”. 
Igual que el doctor Frankenstein que tras dar vida a su criatura ésta se convierte en autónoma e impredecible, Bayard pone en evidencia que en ocasiones los personajes literarios llevan una vida independiente a su creador. Esa era una tesis ya planteada por Harold Bloom para Hamlet, por ejemplo, y quizás también ocurra con otros muchos personajes de ficción. Ahora Bayard nos descubre que Conan Doyle, sin él saberlo, permite que Holmes deje libre al verdadero asesino de los Baskerville desmitificando así la imagen exitosa del famoso detective. 
Bayard dice: 
“Conviene pues tomar en serio, en mucha mayor medida de lo que lo han hecho hasta ahora los teóricos de la literatura, las relaciones que se establecen entre los escritores o los lectores con los personajes a quienes insuflan vida. Todo conduce a pensar que estos últimos, sacando fuerzas de los sentimientos apasionados que nos inspiran, son capaces a veces, escapando a todo control, de emanciparse y de tomar iniciativas, desplazándose entre los mundos o realizando actos imprevisibles en el interior de aquel que han elegido como morada.”
Pierre Bayard que nos tiene acostumbrados a propuestas sorprendentes, reflexiona sobre la relación del libro de ficción con el lector, sobre la propia naturaleza de la literatura y nos invita a ser lectores reflexivos y a no aceptar cualquier cosa que nos plantee el escritor. Pero de lo que en definitiva habla este ensayo es de la pasión por la literatura y del convencimiento de que el lector debe ser el dueño de su lectura y participar del libro que tiene en sus manos, interpretándolo a su manera y disfrutando con él. 











El caso del perro de Baskerville
Pierre Bayard
Traducción: Javier Albiñana
Editorial Anagrama, (2010). Colección: Argumentos

Benacquista y su máquina de triturar niñas

En este libro Tonino Benacquista nos demuestra su talento para el cuento negro, humorístico y moderno. Algunos de sus cuentos comienzan con una fuerza que a veces desconciertan y nos predisponen a la lectura de lo atípico. En otras ocasiones encontramos arranques originales en medio de diálogos sin nada que introduzca al relato después del título. 
El absurdo, la hipérbole, lo fantástico el esperpento pero también el azar y los rasgos psicológicos de los personajes seducidos casi siempre por obsesiones, se combinan en una cuidada prosa y tejen historias, a veces macabras, que mantienen el suspense y la tensión hasta un final que suele ser sorprendente e inquietante. 
Son quince cuentos los que componen este volumen y están escritos con un estilo directo y fresco. Su temática variada envuelta en un humor negro no nos deja indiferentes. 









La máquina de triturar niñas 
Tonino Benacquista 
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia 
Ediciones Lengua de Trapo (2001)